—No me interesan las cosas que compran los hombres —dijo él, con un tono extrañamente celoso.
Luciana suspiró desconcertada.
—¿Hombres? Las compré yo misma cuando fui al centro comercial a buscar ropa, no me las regaló ningún hombre —respondió Luciana confundida.
¿Por qué pensaría que se las había regalado un hombre? De repente cayó en cuenta.
—¿No pensarás que me las compró Alejandro? Él nunca haría algo así, además ya estamos divorciados, nosotros...
Sebastián no quería escuchar nada sobre ell