María se sentó, tomó el tenedor y se llevó un trozo de costilla a la boca, pero lo escupió apenas lo masticó. Estaba crudo por dentro, imposible de masticar, y tenía un sabor desagradable.
Hizo una mueca:
—Lo hice siguiendo el libro de cocina, ¿cómo puede estar crudo?
—Vamos a comer fuera —Alejandro se levantó.
María había querido impresionarlo con sus habilidades culinarias y conquistar su estómago.
Pero solo había logrado hacer el ridículo.
—Es normal que no te salga bien si nunca has cocinado