—¿Eh?
Luciana se quedó desconcertada por un momento y casi por instinto respondió:
—Le invito a comer.
Era la forma más común de agradecer.
—No es muy original —dijo Sebastián.
Luciana suspiró resignada.
—Entonces... ¿le compro un regalo? —balbuceó.
Sebastián asintió:
—Guárdalo para después, me deberás uno grande.
—De acuerdo —aceptó Luciana sin dudar.
—La cliente está en la sala de reuniones uno, puedes ir —dijo Sebastián con tono indiferente.
—Bien —Luciana salió de la oficina, cerró la puerta