Alejandro levantó la mirada y vio los ojos esperanzados de María.
Luciana solía mirarlo así también.
Pero en algún momento, esa mirada desapareció de sus ojos.
—Gracias por el esfuerzo —dijo él.
María negó enfáticamente con la cabeza:
—No es esfuerzo, haría cualquier cosa por ti.
Alejandro parecía extrañar el sabor de las empanadas, así que tomó una con la cuchara y se la llevó a la boca.
El sabor era diferente al que estaba acostumbrado. Al morder, no tenía esa textura suave y esponjosa; la mas