Luciana tomó el tenedor y levantó la mirada. —Mamá, come tú también.
¿Acaso había recapacitado? Luciana se sentía escéptica, pero la actitud de su madre parecía ser positiva. Soltó un discreto suspiro de alivio.
Miró a Catalina. —Mamá, no te preocupes, en adelante ganaré suficiente dinero para cuidar de ti y de mi padre. Aunque no puedo prometerles una vida de lujos, al menos tendrán una vida cómoda y sin preocupación alguna...
—Luciana, come primero —dijo Catalina sonriendo.
Luciana aceptó y ll