Su camisa ligeramente abierta dejaba ver su cuello largo y sensual, mientras su manzana de Adán se movía arriba y abajo.
Con una voz algo ronca, Sebastián preguntó:
—¿Te asustaste?
Luciana dijo que no, evitando su mirada, sin atreverse a ver los ojos de Sebastián.
Su mirada era demasiado intensa, como si ocultara un sentimiento inexplicable.
Recordó que hace un momento Sebastián había dicho que se parecía a la muchacha que amaba y no pudo tener. ¿No la estaría viendo como su reemplazo?
Sí, segur