Los labios de Alejandro se movieron, sin que pudiera saberse si era una sonrisa o algo más. Tenía una mezcla de emociones.
Luciana también lo amó una vez.
Pero ni sus palabras ni sus ruegos lograron que se quedara. Se fue. Sin detenerse, sin mirar atrás.
—¿De verdad? ¿Nunca te irás de mi lado? —susurró mientras acercaba la cara y rozaba la mejilla de María con los labios.
Ese roce bastó para que María se estremeciera. Se sonrojó por completo. Se apretó más contra él.
—No me iré nunca. Te voy a a