Sus labios se unieron. Ese calor suave viajó desde sus bocas directo al cerebro de Luciana.
Los ojos se le abrieron, como si algo la hubiese poseído por completo. En ese instante, el mundo dejó de girar.
Su respiración arrastraba el aroma único de Sebastián, mezclado con un rastro de alcohol.
¡Tum! ¡Tum! ¡Tum!
El corazón de Luciana parecía a punto de salírsele del pecho.
Todo había pasado muy rápido. Tanto que su mente quedó vacía, sin idea de cómo reaccionar.
Cuando pudo, se quitó bruscamente