Luciana no tenía fuerzas para discutir con él, y con voz débil, dijo:
—Déjalo así.
Sebastián le lanzó una mirada de desprecio a Andrés, se inclinó un poco y alzó a Luciana, dándose vuelta para entrar al edificio.
Andrés se quedó parado, sin moverse, como si le hubieran partido el corazón.
Pensaba que sin Alejandro de por medio, solo era cuestión de tiempo para estar con Luciana. Pero ahora aparecía Sebastián, un abogado reconocido, con dinero y hasta más presencia que Alejandro.
Andrés cerró los