María puso una actitud sumisa, casi rogando.
Alejandro tenía la cabeza hecha un lío, así que cambió de tema.
—Llama al médico.
María reaccionó rápido. Recordó que su herida necesitaba atención, y la ropa, la cama, todo estaba empapado.
—Ahora mismo —dijo.
Pero, apenas intentó pararse, el dolor en el tobillo la hizo caer otra vez. Soltó un quejido, adolorida y frustrada, mientras las lágrimas se le escapaban.
Alejandro se sintió molesto. Cada vez que la veía llorar, le dolía la cabeza. Presionó e