Sebastián bajó un poco la vista, queriendo ocultar lo que sentía.
—Pues, lo importante es que estás bien. Entonces, creo que me voy.
Agarró su abrigo y caminó hacia la puerta.
—Espere... abogado Campos —dijo Luciana para detenerlo.
Él se quedó quieto, pero no se volteó. Evitaba mirarla.
—Usted me cuidó toda la noche. Seguro tiene hambre. Voy a hacer algo de desayuno, coma algo antes de irse.
Él quería quedarse.
Pero si se quedaba, la tentación sería demasiada. Tenía miedo de pasarse.
—No hace fa