Nora
La taza de café arde entre mis manos. Un ancla en la tormenta que Hugo ha desencadenado. Adjunta. La palabra resuena, una campana agrietada, un título dorado para una jaula. Miro a través del ventanal la agitación de la ciudad, esas hormigas apresuradas que ignoran todo de la guerra silenciosa que se libra aquí, en esta planta.
Él ha contraatacado. Como yo sabía que lo haría. Con la astucia de la serpiente, no con la fuerza del león. Ha parado mi golpe de efecto con un golpe administrativo