Hugo
La puerta de comunicación está cerrada. La madera maciza se interpone entre nosotros, una frontera delgada y sin embargo infranqueable. Permanezco allí, de pie en la oscuridad de mi habitación, los puños apretados, la sangre golpeándome las sienes. El perfume de Nora, esa fragancia de piel cálida y desafío, flota todavía en el aire, un veneno delicioso.
Una sucesión.
Una fusión-adquisición.
Compro sus participaciones.
Sus palabras resuenan, golpes de martillo sobre el acero de mi orgullo.