NORA
Permanezco un largo momento en sus brazos, las piernas aún temblorosas, la respiración entrecortada, la frente pegada a la suya. El aire está saturado de calor, de nuestros olores mezclados, de esa tensión que no se disipa realmente. Su piel arde contra la mía, y en este silencio suspendido, aún siento la huella de sus manos en mis caderas, el eco de sus golpes, la mordida dulce y salvaje que aún me atormenta.
Sus dedos deslizan suavemente por mi nuca, como para apaciguar lo que acaba de d