NORMA
Sus manos me sostienen, me queman, ya me poseen aunque todavía no me ha tomado, y siento mi cuerpo retorcerse entre mis deseos contradictorios, como si cada fibra de mi carne quisiera escapar y ofrecerse, como si ya no tuviera más refugio, ni más barrera, ni más fuerzas para retroceder.
Me susurra palabras al oído que realmente no escucho, órdenes, promesas, tal vez amenazas, pero su voz profunda me envuelve, me invade, fluye a través de mí como un delicioso veneno, y mis manos agarran su