NORA
Me quedo plantada allí, el teléfono todavía apretado contra mi palma, como si el plástico se hubiera derretido y fusionado con mi piel. Mi respiración golpea, rápida, desordenada, mis labios tiemblan, y siento mi garganta contraerse hasta casi asfixiarme. Tengo ganas de romperlo todo, de gritar contra las paredes, de lanzar esta caja metálica que aún me quema los dedos, pero mis piernas ya no me obedecen. Avanzan, mecánicas, como si sus palabras ya hubieran contaminado cada uno de mis músc