NORA
Él se inclina sobre mí, su mirada anclada en la mía, una mano apoyada en el reposabrazos, la otra… más cerca.
Demasiado cerca.
Sus dedos rozan mi muslo, como por accidente.
Pero nada es accidental con él.
Ahora lo sé.
Siempre lo supe, tal vez.
Pero cerré los ojos.
Quise creer en la ternura, en la intimidad, en el fuego compartido.
No vi las cadenas, ni el pacto invisible que firmaba al dejarme tocar, al responder a sus besos, al ofrecer mi piel.
Él se echa un poco atrás