Los salones del hotel brillaban. Cristalería, trajes impecables, inversionistas de todo el mundo. Era la reunión más importante , y Mathias y yo nos habíamos preparado. Cada paso había sido impecable. Cada presentación, cada detalle, cada discurso.
Y ahí estábamos: frente al éxito.
Todo iba perfecto… hasta que lo vi.
Primero no fue su rostro. Fue su nombre, discretamente oculto detrás del de una empresa inversora de bajo perfil. Lo supe cuando Franco, uno de los organizadores, se me acercó y di