Salí furioso de la que era mi habitación en la mansión Scott, esa niña, argh. Tenía ganas de argh...
-¡Mierda!
-¿Y a ti qué te pasa?
-¡Nada!- grité y ahí me di cuenta que era a Alma a quién gritaba-. No me pasa nada, perdóname por gritarte.
-Estás perdonado, pero repito la pregunta ¿Qué te pasa?
-No lo sé, debe ser todo lo que está pasando con esa chiquilla que me tiene molesto.
-¿Y por qué?
No, no, no. Ya empezamos... Alma tenía esa facultad de sacarme información como si fuera una niña chiqu