El día después de su encuentro con Carlos Miranda, Sofía no podía sacudirse la sensación de que las piezas de un rompecabezas mucho más grande comenzaban, por fin, a encajar. Había algo en la oferta de Carlos que la había inquietado más de lo que quería admitir. Sabía que, para ganar esta guerra, debía conocer a su enemigo mejor que nunca. Y ese enemigo, aunque le doliera reconocerlo, era el mismo hombre que una vez había amado con todo su ser.
Mientras el sol se ocultaba lentamente detrás de l