—¿Desde cuándo tienes un crush? —preguntó Fernando, sujetándome del brazo justo cuando mi pie ya había cruzado la puerta—. ¿Por qué no lo sabía?
Con todos presentes, y con Lucía justo allí, sentí el rostro encenderse de vergüenza. Intenté zafarme de su agarre.
—¿Y qué te importa si lo tengo o no? —le respondí con la voz temblorosa, pero firme—. Ni siquiera mis padres se meten, ¿por qué habrías de hacerlo tú?
—¡Fernando! —intervino el Alfa, con tono grave y autoritario—. ¡Suéltala! ¿Qué estás hac