—Ofelia, cuánto tiempo sin verte.
Lucía se colgó del brazo de Fernando como si fuera lo más natural del mundo y me regaló una sonrisa dulce, casi demasiado perfecta para no esconder algo detrás.
Le devolví una sonrisa educada, dejé la copa sobre la mesa y, tras una respiración profunda, volví a centrarme en la conversación con la senpai.Por eso no noté cómo Fernando, detrás de mí, se quedó mirándome sin parpadear durante un buen rato.
Llevaba dos copas de vino y todavía tenía la cabeza clara. Fu