Cuando salí del baño, volví a abrir el armario y me quedé mirándolo unos segundos.
Al final, saqué una de sus camisas blancas y me la puse.
Me quedaba enorme. Las costuras de los hombros me caían a mitad de los brazos y el bajo me llegaba hasta la parte superior de los muslos. Me doblé las mangas dos veces y me miré en el espejo.
Servirá.
Cuando bajé, Dominic estaba en la sala, sentado en el sofá con la laptop abierta. Se había quitado la chaqueta y solo llevaba una camiseta blanca sin mangas y