—Está bien, como quieras. Solo haz la llamada.
Celeste marcó el número y puso el teléfono en altavoz.
Sonó una vez. Luego otra.
Al tercer tono, alguien contestó.
—¿Hola?
Era Dominic.
Al escuchar su voz, sentí que el corazón me golpeaba con tanta fuerza que parecía querer salírseme del pecho.
—Señor Ford, disculpe que lo llame de repente y que utilice la línea de la empresa para un asunto personal —comenzó Celeste—. Sé que debe de estar ocupado, así que seré breve.
—Estoy ocupado. Ve al grano.
—L