—Lo sé.
—Transferiste el dinero antes de que firmáramos el contrato.
—Confío en ti —respondió sin más—. Con eso me basta.
Lo miré unos segundos y luego asentí.
—Vístete —dijo—. Te llevaré a otro lugar para que firmemos el contrato como corresponde. Ya está todo preparado.
Antes de irnos, los dos echamos un último vistazo a las imágenes del vestíbulo.
Seraphine seguía allí. Seguía esperando, tiesa de rabia, incapaz de entender por qué las cosas no salían como ella quería.
Pensé en su cara cuando