Las puertas de metal plateado y brillante como un espejo se abrieron y Francesco tiró de la mano de Vittoria para guiarla por el pasillo hasta la puerta de la habitación.
— Es esta — Ella advirtió el nerviosismo de él mientras pasaba la tarjeta magnética para abrir.
La empujó dentro con suavidad y cerró la puerta tras él.
La rodeó por la cintura y sin perder tiempo posó sus labios sobre los de ella con desesperación.
— Creo que deberíamos darnos una ducha… — ella propuso y los ojos de [el brill