Luca recibió el mensaje y estaba como loco. Su mujer y su pequeña niña estaban en algún lugar de la carretera, solas y desamparadas, o peor, en manos del tipo sin escrúpulos de Carlo Santoni.
Hizo una llamada rápida a Russo y tras informarle tomó su auto y salió a todo correr en dirección de la vía que su esposa siempre tomaba para ir a casa luego de recoger a la niña.
— Russo, ¡Soy yo! Es Arianna, la han interceptado y el auto se volcó, son los hombres de Santoni, ¡Mi hija está con ella!
— ¿