Vittoria se quedó mirando los huevos revueltos con jamón y el pan tostado que tenía en frente. Greta se había esmerado en preparar algo que a ella le gustara para desayunar, pero no habían pasado más de veinte minutos desde que prácticamente la obligaron a tomarse aquel par de píldoras. Giorgia se llevaba la taza de café a los labios sin quitarle la mirada de encima.
— ¿Te sientes bien? — le preguntó mientras mordisqueaba un panecillo — Estás pálida Vittoria.
La morena vio cuando todo lo que ha