13 Píldoras y mentiras...
Francesco entró con expresión pensativa mientras la secretaria corría hacia él cargada con una pila de papeles por firmar.
— ¡Señor Romano, que bueno que vino hoy! Ya me estaba preocupando usted nunca falta a la oficina… hay mucho trabajo atrasado… — Comenzando a poner la papelería sobre el enorme escritorio de Francesco, que apenas si notó que la chica estaba allí dejándole cosas por hacer.
El empresario continuaba moviéndose de un lado al otro de la oficina, como si fuera una bestia enjaulada