Un giro inesperado (1era. Parte)
El mismo día
Úglich, cerca de Moscú
Katya
Tal vez no siempre es bueno sacar conjeturas, menos aún creer que un gesto es señal de que algo malo va a pasar. Pero lo hacemos. Es un instinto. Una forma de prepararnos, de mantenernos a salvo. Pensamos que, si anticipamos el dolor, tal vez no nos tome por sorpresa. Que, si no nos ilusionamos demasiado, la caída será menos dura. O quizás es simplemente que no confiamos del todo en la felicidad. La vemos como algo pasajero, casi prestado, que puede esf