—¿Qué sucede? —indagó Santiago al ver el semblante descompuesto de su hijo.
Alex no decía nada, su mano temblaba al sostener el móvil, y su mirada era llena de confusión.
—¿Cómo pasó? —cuestionó alterado a la persona al otro lado de la línea.
—¡No lo sé! —expuso Rose—, los estoy siguiendo, necesito ayuda.
—Dime en dónde estás y salgo para allá —enfatizó—, no te expongas.
—Por mi amiga y sus bebés soy capaz de dar la vida —rugió y acarició el arma que siempre la acompañaba, pisaba hasta