Ignacio acunó su rostro entre las manos y sin dejar de mirarla fue acercándose. Sus labios se unieron en un beso cargado de muchas emociones; los de él buscando perdón, redención, refugio, aceptación; los de ella reconociendo, decidiendo, probando, cediendo. Cuando Evana comenzó a responderle, Ignacio la estrecho contra su pecho.
–Dios mío Evana, tus labios son tan suaves y dulces –exclamó admirado al romper el beso lentamente.
Pegó su frente a la de ella y cerró los ojos suspirando