Una vez que Evana cerró la llamada, Ignacio no perdió tiempo en volver a rodearla con sus brazos, ella se sorprendió, pero cuando él besó el lóbulo de su oreja el estremecimiento fue inevitable.
–Te hice una propuesta.
–¿Puedo pensarlo un poco?
–Sí claro, tengo que aceptar tus dudas, debo admitir que no sea fácil para ti confiar en mí de buenas a primeras, pero mi corazón está en tus manos, te lo entrego, ahora tú decides si lo conservas o lo rompes, ya yo no