Raffaella regresó a la mesa con el rostro desencajado, de inmediato Anastasia lo notó y fulminó con la mirada a Tiberius que venía unos cuantos pasos atrás.
–¿Qué pasa mi Rafi?
–Voy a regresar, pero tú puedes quedarte.
–No, te veo mal. Sergio, la acompañaré podemos hablar más tarde, pero dile a Wellington que todos los millones que tiene no le han servido para comprar hombría y tratar a mi amiga como se merece.
Sergio quedó de una pieza, miraba a su novia y b