Tiberius se calmó y continuó desayunando luego de invitar a Sergio a acompañarlo, pero en su mente repetía lo dicho por su amigo, “si fueras un poquito menos testarudo”, el punto es que no lo era, la noche anterior había estado intentando comunicarse con Raffaella para decirle que debían hablar.
Sentía la imperiosa necesidad de verla y hablarle, aunque no tuviera muy claro lo que realmente quería decirle. Lo primero que le venía a la mente era rogarle que no se casara; segundo, pedirle que volv