Los días transcurrieron sin tregua y tanto en Nueva York como en Roma, la firma Wellington estaba reajustándose, reorganizándose y trabajando arduamente manteniendo sus altos estándares; en cada sede hubo una reunión dando a conocer los cambios que fueron recibidos con beneplácito por todos los empleados.
–Señor Wellington, vengo a despedirme y a darle las gracias por la confianza al llamarme para formar parte de la reorganización, sé que tendrá mucho éxito –manifestó Raffaella desd