El horizonte resplandecía mientras las sombras de la noche se retiraban ante el amanecer. El sol teñía el cielo con vetas rosas y naranjas, transformando la oscuridad en algo hermoso. Las estrellas centelleaban tenues en el cielo, como susurros desvaneciéndose de la noche que terminaba. La luz se filtraba lentamente por el paisaje mientras los pájaros comenzaban a retozar en sus nidos, anunciando un nuevo día. El sol de la mañana iluminaba el alto rascacielos en el corazón de la ciudad, y sus paredes de cristal brillaban como enormes espejos en llamas. Una luz dorada se reflejaba en cada superficie, tiñendo la estructura de acero de tonos cálidos. A su alrededor, la ciudad se agitaba y cobraba vida.
Santiago y Jack entraron al edificio de oficinas como cada mañana. En cuanto Santiago cruzó la entrada, las cabezas se giraron. Los saludos llegaron de todas partes —izquierda, derecha y centro— mientras los empleados notaban su llegada. Algunos asintieron respetuosamente, otros le dieron