Punto de vista en tercera persona
El taxi se detuvo junto a la acera. Lylah le entregó un puñado de billetes al conductor y se abalanzó del coche. Sus pies golpeaban el pavimento mientras corría hacia el edificio de oficinas. El aire le raspaba la garganta con cada respiración. Sentía los pulmones como si le ardieran. El sudor le corría por la cara, siguiendo la curva de su mandíbula antes de gotear sobre su blusa. Su pecho subía y bajaba, negándose a calmarse. El calor emanaba de su cuerpo en oleadas. Cualquiera que la viera pensaría que acababa de correr ocho kilómetros sin parar.
Entró como un rayo por la puerta de la oficina. Sus ojos recorrieron su escritorio en cuanto entró, buscando algo, cualquier cosa que explicara la llamada urgente de Jack.
Allí. Una nota adhesiva. Pero no una suya. Esta era de otro color, pegada justo encima de la nota que había dejado antes. La cogió del escritorio y se la acercó a la cara. La letra era apretada y pequeña, difícil de leer. Entrecerró los