Punto de vista de Santiago
La noticia me golpeó como un puñetazo en el estómago.
Desde que me desperté esta mañana, algo no iba bien. Esa sensación persistente en el pecho, esa que no podía explicar. Pero la había dejado de lado, diciéndome que estaba siendo paranoica. Ahora lo sabía mejor.
Me presioné las palmas de las manos contra los ojos, intentando bloquear la voz de Jack, intentando borrar las imágenes que inundaban mi mente. Imágenes de la noche anterior. De ella saliendo sola por la puerta. De mí observándola desde la ventana, diciéndome que estaría bien.
«Dios, soy tan idiota». El pensamiento me vino agudo y amargo. Debería haberla acompañado a la puerta. No, debería haberla llevado a casa yo mismo. Mejor aún, nunca debería haberle pedido que trajera esos malditos documentos a mi casa. Documentos que ni siquiera necesitaba. Documentos que solo había pedido porque... ¿por qué qué? ¿Porque quería demostrar alguna nimiedad? ¿Porque estaba enojada y quería hacerle la vida difícil