Arabella estaba a mitad de camino del vestíbulo cuando unos pasos apresurados resonaron detrás de ella.
—Arabella, espera.
Adrian la sujetó de la muñeca con suavidad. Ella se detuvo, pero no se dio la vuelta.
—¿Fue Serena...? —su voz flaqueó—. ¿De verdad lo hizo ella?
Necesitaba saberlo.
Arabella se giró despacio.
—¿Ya lo olvidaste? —su voz era plana—. Soy una mentirosa intrigante.
Sus propias palabras. De hace cinco años. Pero aún cortaban como navajas.
—Ve a preguntarle a Serena. Ella siempre