Al día siguiente, Mayte se reunió con la abuela y el abogado.
Sobre la mesa reposaban los papeles del divorcio, cuidadosamente preparados, con todas las cláusulas que podrían definir el destino de su matrimonio y de su vida futura.
La abuela, con sus años y experiencia, la miraba con expectación, mientras el abogado tomaba notas y revisaba los últimos detalles de las hojas legales.
—¿Qué vas a pedir, cariño? —preguntó la abuela con una mezcla de curiosidad y autoridad—. Debes pedir la casa, los