Mayte sintió un escalofrío que le recorrió la espalda como un susurro helado, un estremecimiento que no pudo controlar, como si la muerte misma le hubiera rozado con la yema de sus dedos.
El miedo se apoderó de ella con la violencia de un puño de acero que le apretaba el estómago, robándole el aire, obligándola a jadear como si el mundo se redujera a un instante de asfixia.
La realidad se desvaneció durante un segundo eterno, y lo único que existía era esa sensación de estar atrapada en una tram