El silencio llenó la habitación como un manto pesado, sofocante.
Milena la miró fijamente, con los ojos llenos de una mezcla de dolor y preocupación, el corazón oprimido por la confesión que acababa de escuchar.
Sabía que la decisión de Mayte no había sido tomada a la ligera; podía ver en su rostro la fatiga, la tristeza acumulada, los años de humillaciones y decepciones que la habían llevado a este momento.
Cada línea de su rostro reflejaba un sufrimiento constante, un miedo que se había ido ge