Hernando Montalbán esperaba en su oficina con una paciencia que ya empezaba a deshilacharse.
Cada minuto que pasaba, su rostro se endurecía un poco más, sus manos se crispaban sobre el escritorio de caoba, y su mente se llenaba de imágenes de Maryam, ignorando su llamado, desafiando su autoridad, desafiando su corazón.
La rabia burbujeaba bajo su piel, un fuego lento que amenazaba con estallar en cualquier momento.
—¡¿Por qué no llama?! —rugió finalmente, su voz resonando como un trueno en la e