Al volver a casa, Martín flotaba en una nube que le hacía olvidar, por un rato, la pesadez de los últimos meses.
Caminó por el recibidor con pasos débiles, con el bastón revisando que nada estorbara en sus pasos.
Entró al salón y, sin poder contenerse, soltó la noticia con la urgencia de quien ha descubierto una puerta abierta a la esperanza.
—¡Martín, ya volviste! —dijo Victoria.
—¡Pronto podré volver a ver, mi amor! —exclamó, y soltó un abrazo tan fuerte que parecía querer fundirse con Victori