Esa noche, Martín durmió abrazado a Victoria, como si el simple contacto con ella pudiera sanar todos los meses de dolor, incertidumbre y miedo que había soportado.
Cada latido de su corazón se sincronizaba con el de ella, y en esa cercanía encontró la paz que había anhelado tanto tiempo. No iba a dejarla ir nunca más.
Ya había perdido demasiado, había confiado en quienes no debían, y casi había arruinado su vida por desconfianza y traiciones ajenas.
Pero esa noche, en la quietud de la habitació