En el hospital.
El sonido de los pasillos era una mezcla de pasos, llantos y el eco distante de un monitor cardíaco.
Mayte llegó corriendo junto a la abuela, con el rostro pálido y los ojos rojos de tanto llorar.
—¡Por favor! —suplicó al llegar al mostrador—. Mi esposo, Manuel Montalbán… lo trajeron herido.
Una enfermera las miró con compasión.
—Está en cirugía, señora. Fue apuñalado en el abdomen.
Las piernas de Mayte se debilitaron.
La abuela soltó un sollozo desgarrador, y por un momento pare