—Es que mamita, tiene mucha calor, ¿verdad, mamá? —preguntó Herny, con su voz infantil llena de inocencia y preocupación.
Mayte asintió, sintiendo que el calor la envolvía como una manta pesada.
Su rostro aún estaba rojo, no solo por el clima, sino por los recuerdos que la atormentaban.
—Herny, ve a jugar y mamá te hará el pastel de chocolate que tanto quieres —dijo, intentando sonreír a su hijo, aunque su corazón estaba agitado.
La idea de preparar el pastel parecía una forma de distraerse, de