Mayte le pidió a Manuel que llevara a su hijo a visitar a la abuela.
La mirada de él se tornó seria, llena de preocupación.
—Mayte, ¿a dónde vas? —preguntó, su voz temblando ligeramente.
—Créeme, tengo algo muy importante que hacer —respondió ella, tratando de sonar convincente, aunque en su interior la ansiedad la consumía.
Manuel asintió lentamente, su mente llena de dudas.
—No te angusties, cuidaré de Herny —le prometió, aunque la preocupación en su rostro no se desvanecía.
—Confío en ti —dij