La abuela observaba con ternura mientras Mayte se despedía de su hijo.
La escena era conmovedora, pero había un trasfondo de tristeza que la abuela no podía ignorar.
Mayte se arrodilló y abrazó a su pequeño, sus ojos brillaban con un amor profundo y una preocupación latente.
—Te prometo que volveré pronto, en unos días, mi amor. Cuida mucho a abuelita, y ella te cuidará. Pórtate bien, ¿sí? —dijo Mayte, su voz temblando ligeramente, como si cada palabra estuviera impregnada de una emoción que no